10/17/2006

La otra guerra en Oaxaca

Carlos Beas Torres
La Jornada

"Ya estamos avisados , los de San Felipe y los de El Porvenir, ya tienen listos los cuernos para cuando vengan esos pinches indios de la APPO." Con esas palabras don Angel, un rico ganadero del Bajo Mixe, cuyos nexos con la mafia son bien conocidos, amenazaba veladamente a un dirigente indígena de esa región.

Dos días después el pequeño grupo de comerciantes y ganaderos que dominan la vida del pueblo de María Lombardo, Cotzocón, Oaxaca, propalaba el rumor de "ya vienen los de la APPO, y van a saquear las tiendas y a quemar las casas", creando un gran alboroto como dicen las gentes del lugar.

Ese mismo tipo de rumores y amenazas circulan constantemente en todas las regiones del estado; y no sólo en los pueblos pequeños y aislados, sino también en ciudades tan grandes como Tuxtepec, Matías Romero o Miahuatlán. En Matías Romero, priístas bien identificados quemaron la radiodifusora La Consentida y al día siguiente esparcieron el rumor de que la APPO iba a saquear los locales del Mercado 12 de Octubre, creando zozobra y temor entre algunos comerciantes incautos.

En el Istmo, los operadores de las radios indígenas vienen siendo constantemente hostigados y amenazados de muerte y estas advertencias ya se extienden a sus familiares. Primero se fueron sobre Radio Huave, la más poderosa radio comunitaria del Istmo; después siguieron en contra del coordinador de Radio Ayuuk, y ahora el presidente municipal de San Dionisio del Mar amenazó al responsable de Radio Umalalang. Es la otra guerra, la que ha alcanzado también a los comunicadores y en particular a los periodistas del diario Noticias.

Pero no sólo son amenazas y rumores que angustian y crean un clima de linchamiento: es la guerra sucia y abierta que ejecutan porros y policías vestidos de civil, que secuestran y torturan a universitarios y a activistas sociales como Pedro García García y Ramiro Aragón. Es la agresión artera, que amparada en la oscuridad le ha costado ya la vida a por lo menos cinco oaxaqueños, incluido un maestro opositor al movimiento, que bien pudo haber sido asesinado por los mismos promotores de la guerra sucia, para endosar este crimen a la APPO y desencadenar un enfrentamiento mayor.

Es la guerra sucia, que hacen grupos de priístas, supuestos padres de familia, que en realidad son policías vestidos de civil acompañados de choferes de taxis a quienes les prometen concesiones a cambio de abrir escuelas a la fuerza.

Las amenazas y agresiones que operan los delegados del gobierno estatal, presidentes municipales y dirigentes del PRI son parte del plan que se viene ejecutando desde hace ya más de tres meses por órdenes del gobernador Ulises Ruiz, quien busca desesperadamente sostenerse en el gobierno, sin importarle el costo que puedan tener estos enfrentamientos.
Los grandes medios de comunicación han puesto toda su atención en la otra cara de la guerra: reseñaron el vuelo de los helicópteros sobre la ciudad de Oaxaca y el masivo arribo de infantes de marina a Salina Cruz y Huatulco. Sin embargo la otra guerra, la de todos los días, la que no se lee, la que camina en lo oscuro, sigue avanzando y nutriendo el peligro de una gran confrontación en Oaxaca.

En Oaxaca hay dos guerras. Una con cara de invasión militar y la otra promovida por los caciques y gobernantes locales que están dispuestos a todo con tal de no perder los privilegios que les ha dejado el gobernar de manera ininterrumpida durante 77 años.

Y mientras el Senado de la República se resiste a desaparecer los poderes en ese Estado, los violentos caminan de noche y lo hacen rápido.

El autor es asesor de comunidades y organizaciones indígenas en Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Chiapas y Querétaro y dirigente de la Unión de Comunidades Indígenas de la Zona Norte del Istmo (UCIZONI).